Explorador de deportes como el Ski, Parapente, Highline, Speedride, siempre teniendo como meta principal divertirse y disfrutar.

Diego es un explorador de distintos deportes (como el ski, highline, parapente, speedride, etc.), que tiene por objetivo y meta principal disfrutar y divertirse con cada uno de ellos. En Enero de este año, cuando intentaba hacer speedride (volar con skis en una vela de velocidad) desde una montaña en Suiza, sufrió un accidente que le dañó la espalda, lo que lo ha mantenido en silla de ruedas. Se está rehabilitando, no ha sido fácil, y a pesar de lo complejo de la situación ha optado por ser feliz, trabajar en plataformas y opciones para integrar al deporte a personas en su misma situación y cobijar la esperanza de pronto volver a sus hazañas.

Tus primeros pasos…
Crecí en Lampa, en una parcela en el campo, tengo solo una hermana de casi mi misma edad, así que mi familia fue pequeña, cuatro personas. Vivíamos con mis abuelos también.
No teníamos vecinos, entonces pasaba mucho tiempo solo, jugando afuera, inventando cosas que hacer, maestreando con mi abuelo, andando en bicicleta, escalando árboles o quemando cosas (casi quemo la parcela una vez).
Ya más grande, en la media, empecé con un poco de BMX, de ski y de snowboard, pero no tenía las lucas para seguir. Después empecé con el skate, que seguí haciendo por muchos años y marcó un poco más mi vida. Ya el 2008 terminé el colegio, y desde ahí empezaron más cambios en mi vida, ya que había estado toda mi vida en el mismo colegio y vivido en la misma casa. Nos fuimos a vivir a Santiago y entré a estudiar a la Universidad de Chile, que dejé un año después; empecé a dar botes hasta que empecé a viajar, y finalmente me fui de Chile el año 2013.

Pasión por la adrenalina
Fue por ahí por el año 2014, que estaba en Tailandia, en la playa de Tonsai, escalando una pared con unos amigos, cuando de repente escucho un estallido atrás mío, y me doy vuelta para ver que era un BASE jumper, segundo después vino otro, y ¡quedé loco! Esa imagen ya estaba impresa en mi cerebro y no se iba a ir hasta que lograra a hacer eso. Después que bajamos de esa escalada, conocí a los que saltaron, los llené de preguntas y nos hicimos amigos hasta el día de hoy; uno se convirtió en mi mentor de salto BASE, otro es mi vecino acá en Suiza, y así, todo se fue dando.
Al año siguiente, después de otros viajes y aventuras, terminé en Lodi, California, y con un par de lucas ahorradas empecé a hacer paracaidismo (del avión). Después volví a Tailandia a finales de ese año, donde hice mi primer salto en el lugar donde vi este deporte por primera vez, fue un salto simbólico más que todo, porque no tenía tanta experiencia, por lo que volví después a California a seguir entrenando, y a mediados del 2016 fue a Rusia por un tiempo, para ver a mi mentor y empezar como se debe. Y de ahí ¡no paramos más!

El temido miedo…
El miedo… es difícil de describir, porque siempre está ahí, presentándose de diferentes formas, para todos es diferente también. En mi caso, como yo venía de la escalada, ya estaba acostumbrado a entornos de altura y a la exposición; también ya confiaba en el material, sabía que no iba a fallar si se trataba bien. Entonces, el miedo se presenta más cuando uno se enfrenta a lo desconocido o nuevo, a los vientos, al tiempo y a la fuerza de la naturaleza. Y después uno aprende a usar el miedo, por ejemplo a hacer un check y doble check antes de caminar a la salida de un salto, o si hay más miedo de lo normal en un salto nuevo, puede ser que esté sobre tu nivel, o que la o las condiciones no sean las ideales.
Pero ya en la salida, full equipado, listo para saltar, con todo revisado, se apaga la parte analítica del cerebro y uno se entrega a la sensación y a fluir. Ya con más experiencia es automático, y cuando se da la cuenta regresiva es como un enfoque animal, más instintivo. Los tres primeros segundos de caída libre, para mí es la ¡libertad máxima! hasta que se agarra velocidad, después ya entra lo aprendido en el paracaidismo. Después, cuando el vuelo termina y el paracaídas abre, es una sensación de euforia y alivio, al aterrizar es una sensación de realización, apreciación y relajo.

Salto Base
Del salto BASE lo que más rescato es la gente con la que me ha conectado, porque es un grupo muy mixto de personas que vienen de pasados muy distintos, de diferentes deportes y profesiones, que vieron el potencial y se sintieron atraídos por diferentes razones, todos con un tipo de locura distinta. Y en la parte deportiva, me permitió conectar con personajes destacados en sus disciplinas, por lo que pude ir explorando otros deportes, como el ski, parapente, highline, speedride, y convertirme en un atleta más integral, siempre teniendo la diversión y el disfrute como meta principal. Ya sea saltando de edificios, parapentes, highlines, acantilados, puentes, antenas, volando líneas en las montañas, escalando para llegar a salidas nuevas. Mezclar todo esto para aumentar los niveles de diversión, siempre hay algo nuevo por saltar y explorar.

Disfrutar y divertirse… Debe haber alguna anécdota…
Muchas (ja ja ja), no me acuerdo de una puntual ahora, y las que me acuerdo no se pueden contar (ja ja ja), pero veo para atrás y han sido solo risas. Con el grupo humano del saltadores BASE nunca se sabe cómo puede terminar un día, o noche; tratando de meterse a un edificio o bajo arresto, o perdido en una montaña buscando una salida, o aterrizando en el agua, o chocando contra un velero y tener que pagar más de 3.000 euros, o en el hospital, si no peor.

¿Cómo se financian los viajes y el deporte?
Haciendo malabarismo con las lucas para que alcancen para todos los planes y viajes. He trabajado de todo, tengo la suerte de tener pasaporte italiano, por lo que me facilita un poco, pero trabajo en lo que sea; construcción, restaurantes, manejando, hoteles, lo que sea la verdad, y viví mucho tiempo en una van, o con amigos. En resumen, sobreviviendo, el problema es el material, que es muy caro, pero ahí los amigos auspiciados ayudan.

¿Hay auspicios?
Algo hay, aparte no es un deporte tan grande como para vivir de él. Los auspicios generalmente te dan equipo gratis, pero pagarte, difícil. Los que viven de esto, se dedican más al paracaidismo y base, y son atletas más “completos”.
De todas maneras a mí nunca me llamó mucho la idea de los auspicios, siempre tuve el miedo a que se convirtiera más en una responsabilidad que en una pasión. Lo he podido lograr sin auspicios, aunque una manito con el equipo a veces no haría mal.

El accidente…

Bueno, me rompí la espalda con daño a la médula en Enero de este año, cuando intentaba hacer speedride (volar con skis en una vela velocidad) desde una montaña en Suiza. Me dejó en una silla de ruedas, no ha sido fácil, pero lo he llevado mucho mejor de lo que pensaba. Nunca me hubiese visto en estas condiciones, pero uno nunca sabe lo que te espera en la vida, y al final deprimirse o ser feliz es una decisión, y está en manos de uno ver el lado bueno o el lado malo de las cosas, depende de ti donde poner el foco.

La recuperación…

La recuperación va bien, agradezco haber estado en Suiza y no en otro lugar, ya que acá he recibido la mejor atención médica y la mejor rehabilitación y financiación posible. Ojalá en Chile las cosas funcionaran un quinto de lo que funcionan acá, pero bueno… fue una de las razones por las que estaba viviendo aquí.
La parte neurológica está difícil y lenta, pero con lo que tengo ahora, en silla de ruedas, ya puedo hacer algo y no me va a parar.

A seguir adelante, ¿qué se viene ahora?
Ahora se viene volver a volar lo antes posible, volver al aire, al parapente, me quedo acá en Suiza hasta Octubre y de ahí parto para Chile, a pensar y trabajar en sistemas que faciliten cómo hacer ciertos deportes y actividades. Y trabajar en una plataforma que logre integrar a toda la gente en mi misma situación. Esto no es el final, sino el comienzo de algo bueno.

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