Mujeres, la dura batalla por ocupar el espacio que les corresponde.

Cuando se habla de mujer y deporte, inmediatamente recordamos historias y anécdotas que involucran todo lo que ha costado a las mujeres posicionarse en este mundo, todo el camino que se ha avanzado hacia la equidad y los desafíos que tenemos, principalmente en la infancia, para fomentar la actividad física y entregar la misma oportunidad de exploración motriz a las niñas y los niños.

Mujer en el deporte
Históricamente ha existido mayor participación masculina en el deporte, solo para confirmar esta información, en la primera celebración de los Juegos Olímpicos en Atenas no hubo participación femenina, y luego, poco a poco aparecieron unas valientes deportistas que se atrevieron a dar este paso, siendo en muchas ocasiones, apuntadas e incluso agredidas. Recordemos el caso de Katherine Switzer, en la maratón de Boston de 1967, quien tuvo que inscribirse solo con sus iniciales para poder competir, y en el transcurso de la carrera fue agredida por algunos aficionados, queriendo sacarla violentamente de la competencia por ser mujer. En Chile tenemos el ejemplo de la gran Marlene Ahrens, quien fue la primera y hasta el momento única mujer en ganar una medalla en los Juegos Olímpicos, sin embargo, fue suspendida meses antes de participar en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 por unas declaraciones, sanción que la deportista atribuyó a la venganza por no hacer caso de mantener en silencio la denuncia de acoso hacia ella y otras dos deportistas contra un dirigente del comité olímpico de la época, y fue ahí donde finaliza su carrera olímpica. Estas y tantas historias más, algunas conocidas y algunas anónimas, nos muestran el sinfín de dificultades que ha debido atravesar la mujer para posicionarse en el deporte, sin embargo, a lo largo de la historia aparecen relatos maravillosos de mujeres deportistas llenas de coraje y valientes que se atrevieron a romper estructuras y que han permitido, no sin dificultad, darles espacio a las mujeres en los distintos deportes.
Estas experiencias me hacen reflexionar sobre una pregunta ¿A quién se le ocurrió que el deporte era exclusivo para hombres? Claro que es importante entender el contexto histórico, pero cuántas mujeres con gran potencial no pudieron cumplir sus sueños solo por el hecho de nacer mujer, cuántas frustraciones hemos acumulado como sociedad por siglos, al no permitir que las mujeres participaran o tan solo aprendieran sobre un deporte porque era de “caballeros”. Me parece importante esta reflexión, simplemente para mirar hacia el futuro con los aprendizajes de todas estas historias y no cometer los mismos errores, avanzando hacia escenarios poco conocidos hasta el momento, reconociendo los desafíos a los que nos podemos enfrentar en el futuro. Actualmente, hablamos solo de lo binario hombre-mujer, pero ¿qué pasa, por ejemplo, con la participación de las personas transgénero en el alto rendimiento? Ni siquiera hay espacios abiertos en el deporte y es ahí donde también tenemos un gran desafío social, cultural y político.
Actualmente, la participación de la mujer, especialmente en el alto rendimiento, no está exenta de dificultades, el poder dedicarse al deporte es muy difícil, pero cuando lo logran, hay muchas variables a considerar. Las mujeres deben planificar no solo las variables específicas del deporte como el descanso, la alimentación, sus entrenamientos y competencias, además deben considerar la planificación de sus vida, los estudios y la decisión de la maternidad, todas estas variables se deben planificar y coordinar minuciosamente con las competencias importantes y la decisión, nunca fácil, sobre continuar su carrera deportiva y todo el esfuerzo que eso significa. En todos los casos el alto rendimiento pasa a un nivel que no se puede cuantificar, porque al alto rendimiento deportivo, se suma el alto rendimiento familiar, alto rendimiento emocional, alto rendimiento social y todo el esfuerzo y trabajo que estas mujeres realizan para continuar cumpliendo sus sueños en el deporte, cumpliendo otros roles personales a un nivel de exigencia altísimos y muchas veces con desigualdad en visibilidad mediática, el apoyo social y económico que reciben.

Deporte e infancia
Siempre intento poner sobre la mesa, la responsabilidad que tenemos los adultos en la infancia y crianza, porque mientras a los niños los visten con polera, short o pantalón, las niñas usan vestido y zapatos de vestir, lo que implica que el niño puede correr, saltar, trepar un árbol, dar vueltas y tiene más posibilidades de explorar sus habilidades motrices, mientras que a la niña apenas empieza a correr o jugar (además de lo incómodo que implica hacerlo con esa vestimenta), los adultos le dicen que no lo haga porque está con vestido, que se siente como señorita o que no ande como loca corriendo, por lo tanto, se reducen las posibilidades de exploración motrices en las niñas. Afortunadamente, esto poco a poco va cambiando, pero resulta tremendamente necesario empezar por dar las mismas posibilidades de desarrollo motriz y de exploración en la infancia, pero principalmente escuchar a nuestros niños y niñas, prestar atención a sus necesidades tanto físicas, emocionales, creativas y de exploración, para que podamos entregar un futuro mucho más libre y seguro, en igualdad de oportunidades, y seguramente, hará la diferencia en tener adultos más felices.


Psicólogas en el deporte
En la psicología deportiva no ha sido muy distinto que la inserción de la mujer en el deporte, actualmente en Chile cerca del 30% de los profesionales de la psicología del deporte, son mujeres, esto significa que el posicionamiento profesional de la mujer en el mundo deportivo sigue siendo una novedad, y las mujeres siguen abriéndose paso para trabajar en un mundo que históricamente ha estado ocupado por los hombres. Sin embargo, creo importante resaltar que hay espacios mucho más amigables para la mujer, y espacios en los que culturalmente se sigue percibiendo a la mujer como un aspecto que puede dar “mala suerte” en cancha o que distrae a los jugadores, y creo que es ahí donde debemos poner especial énfasis, donde se deben romper paradigmas y estereotipos culturales, porque el trabajo se debe medir necesariamente por la calidad profesional y no por el género del profesional. Será clave trabajar constantemente para que las atribuciones del desempeño deportivo estén puestas en el trabajo, el esfuerzo, las estrategias de juego y no en elementos externos como la “suerte” de una u otra variable, y seré enfática en decir que el género no debiera ser una variable para evaluar a un profesional en ningún contexto.
Los triunfos se trabajan, las derrotas se gestionan y un profesional de la psicología es quien puede llevar este proceso con éxito, independiente de su género. Sin embargo, esto debiera ser considerado transversalmente por los dirigentes, cuerpos técnicos, deportistas y aficionados, para transitar hacia un cambio cultural donde lo único que debe primar es el profesionalismo y la calidad humana por sobre cualquier otra variable.

La mujer en el deporte, en cualquiera de sus funciones y roles, está avanzando en el adecuado posicionamiento por su profesionalismo, esfuerzo y trabajo, esto bajo ningún punto de vista pretende comparar ambos géneros, lo que intenta es evidenciar que poco a poco se instala con fuerza la idea que, en el deporte, como en cualquier otro ámbito, el aspecto clave debe ser la calidad y el profesionalismo por sobre cualquier otra condición. Además, es importante entender que estamos en un proceso de transición y aún falta mucho por avanzar, pero también hemos empezado un camino muy importante en el que debemos, necesariamente, valorar el aprendizaje que hemos tenido como sociedad hasta ahora y poder mirar hacia el futuro con la certeza que seguiremos por la misma senda de crecimiento, equidad e igualdad en oportunidades, independiente del género.
Valoremos y aprovechemos la diferencia de ser distintos, y no nos cerremos a ninguna posibilidad porque alguna vez alguien dijo que no podía ser de otra manera.

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